En el terreno de juego hay muchos jugadores, pero sólo un portero por equipo. Son especiales, muchas veces se dice que están "locos", pero tienen una forma de ver el fútbol muy particular respecto al resto. Son los cancerberos.
Piedra a piedra, paso a paso, desde que empezó a jugar en los campos
de tierra de su barrio sevillano, Pino Montano, Javi Varas ha ido
creciendo para construir el muro que ahora mismo cierra la portería
sevillista. No se trata de uno de esos futbolistas que ha sido mimado
por una cantera de un club grande desde que eran bien jóvenes. No. Javi
Varas ha ido escalando poco a poco desde equipos humildes de regional
hasta la primera división española. Y ahora mismo está a punto de
superar el récord de imbatibilidad de un guardameta con la camiseta
sevillista. El actual portero del Sevilla, ya pasada la edad de
juvenil, tuvo que iniciar su carrera en el Nervión en primera regional,
y con 21 años aún estaba jugando en regional preferente con el San
José. A estas edades, los futbolistas que no han destacado ya,
difícilmente llegan a la elite. Por eso, el caso de Varas es tan
sorprendente. Su proyección dio un vuelco cuando el Sevilla FC
se fijó en él en 2004. El primer año fue cedido a un conjunto de
segunda B, el Alcalá, donde siguió poniendo una piedra detrás de otra,
con la esperanza de algún día llegar al primer nivel. Tan sólo una
temporada después ya pudo vestir la camiseta sevillista, pero la del
filial, también en segunda B. Además, con el Sevilla Atlético consiguió
el ascenso a segunda división en la temporada 2006/07, siendo el
cancerbero el protagonista en la tanda de penaltis clave ante el
Pontevedra. En cuatro años, había pasado de competir en primera
regional a hacerlo en la categoría de plata del fútbol español. El muro
de Javi Varas ya iba cogiendo forma y Manolo Jiménez, que había sido su
entrenador en el filial, le dio la oportunidad de compartir la portería
del primer equipo con Andrés Palop, posiblemente el portero que mejor
rendimiento le ha dado al Sevilla en toda su historia.
Después
de dos temporadas en la suplencia, con actuaciones esporádicas por
lesiones o sanciones de Palop, el curso pasado Gregorio Manzano le dio
la alternativa a Varas, que cumplió a la perfección, sin que el nivel
del equipo en su posición se resintiera, pese a la alargada sombra del
valenciano. Y para rematar su progresión, este año, el nuevo técnico,
Marcelino, le ha refrendado en su puesto. El cancerbero sevillano ha
respondido a esta confianza de la mejor manera. Ahora mismo es el
portero menos goleado y está a punto de finalizar en su portería un
muro casi infranqueable para sus rivales con sus rápidos reflejos. El
pasado domingo sin ir más lejos, mantuvo la portería a cero en el
Vicente Calderón ante el Atlético de Madrid, y sacó un balón
espectacular con la punta del pie a Falcao, que habría podido suponer
la derrota de los suyos. Varas lleva ahora mismo 379 minutos
sin encajar un tanto. Si en el próximo partido ante el Sporting de
Gijón dejara la portería a cero, ya se convertiría en el segundo
cancerbero que más tiempo ha estado imbatido en el Sevilla, superando a
Unzué, Paco, Notario y Buyo. La hazaña sería aún más grande si
aguantara 41 minutos más ante el todopoderoso Barcelona de Pep
Guardiola, pues conseguiría el récord en la historia de su club,
adelantando a todo un mito al que ha relegado a la suplencia, Palop.
Sería un precioso broche final a ese muro que lleva construyendo a
partir de las piedras de aquellos campos de la regional andaluza.
Uno de los tópicos periodísticos, y también de los aficionados, es
dictar si el resultado de un partido es justo. Evidentemente, para ello
se fijan en los méritos obtenidos durante el encuentro por ambos
equipos, y lo habitual es que se le conceda esa supuesta victoria moral
al que más ocasiones de gol ha creado. Sin embargo, en ese veredicto
olvidan y menosprecian la labor de los guardametas, que es tan
importante como la de los jugadores de campo, o incluso más, porque sus
acciones son determinantes para modificar el resultado final. El
objetivo principal en el fútbol es conseguir el gol, es decir, batir al
portero contrario. Para ello, en primer lugar hay que llegar con
peligro a la portería rival, ya sea con una jugada elaborada, un
disparo lejano o por un error del contrario. Pero todo ello no sirve de
nada si no se acaba transformando en gol y éste sube al marcador. Si el
balón no logra rebasar la línea de gol todo queda en agua de borrajas,
y el resultado seguirá siendo el mismo. Por tanto, el trabajo habrá
sido en vano.
Es ahí donde juega el papel del portero. Si con
su preparación, habilidad y técnica logra sellar su portería a cero,
por muchos acercamientos que haya obtenido el rival, habrá hecho los
méritos adecuados para estar imbatido y, por lo menos, conseguir un
empate para los suyos. Los jugadores del equipo rival habrán merecido
crear ocasiones, pero no el gol que les otorgue algo positivo, porque
en el momento clave habrán fallado ante la portería rival. Es decir, su
actuación no habrá sido lo suficientemente meritoria para conseguir el
objetivo del fútbol, el gol, por muy bonita que haya sido la jugada. Por
lo tanto, esa labor del portero resulta esencial para administrar la
justicia futbolística, que más allá de los tópicos, reside únicamente
en el gol. Así, los resultados finales de los partidos acaban siendo el
reflejo más justo de lo ocurrido en su transcurso, porque los goles son
el indicador más adecuado de la justicia en el fútbol. Por muchas
ocasiones que se hagan, si no se concretan en un tanto no sirven de
nada, y no serán mérito suficiente para ganar. Y los porteros, que
tratan de evitarlos, también juegan, y son parte muy importante en esta
sutil manera de administrar justicia deportiva.
Durante la temporada pasada, unas supuestas declaraciones de José Mourinho, entrenador del Real Madrid, hicieron bambalearse los
cimientos de la tradición del club blanco. El portugués señalaba que un
portero no debía ser el capitán del equipo. Y en el suyo lo es Iker
Casillas, por antigüedad, como han mandado siempre los cánones del
conjunto del Santiago Bernabéu. Pese al polémico mensaje, Iker sigue
portando el brazalete, y no sólo el de su club, sino también el de la
selección nacional. Sin embargo, se abrió un debate: ¿son los porteros
tan adecuados como los jugadores de campo para ser capitanes? Según las declaraciones, el
técnico del Real Madrid argumentaba que un portero se encuentra en un
área muy delimitada del terreno de juego y no puede ejercer la presión
necesaria al árbitro. Pero... ¿es esa labor de un capitán? ¿Presionar
al árbitro? El brazalete lo debe llevar el líder del equipo, el jugador
que con su carisma consiga arrastrar a todos sus compañeros hacia el
objetivo planteado, aquel que con sólo una mirada transmita confianza a
sus compañeros en todas sus decisiones, el que con su imagen y su forma
de actuar represente a su club. Y los buenos porteros, precisamente,
suelen reunir esas condiciones. PD: En la liga española sólo
dos guardametas son los primeros capitanes de sus equipos (Casillas en
el Real Madrid y Palop en el Sevilla), pero otros siete forman parte de
los elegidos para llevar el brazalete en algún momento de la temporada
en su club (Valdés en el Barcelona, Guaita en el Valencia, Ricardo en
el Osasuna, Bravo en la Real Sociedad, Ustari en el Getafe, Cobeño en
el Rayo Vallecano y Cristian Álvarez en el Espanyol).
Desde hace una década se pusieron de moda las rotaciones. Ante la
gran acumulación de partidos, sobre todo de los equipos que participan
en competiciones europeas, los entrenadores suelen repartir los minutos
entre los integrantes de su plantilla con tal de optimizar su
rendimiento físico. Sin embargo, hay una posición que todavía no está
acostumbrada a las rotaciones: la portería. Los guardametas no
están obligados a realizar el mismo desgaste físico que los jugadores
de campo, así que el cansancio no es buena excusa para rotarlos. La
única base para turnarlos es la confianza, pero puede ser un arma de
doble filo. Hasta el momento, la mayoría de entrenadores solía otorgar
los partidos de la copa doméstica a los porteros suplentes para que se
mantuvieran activos, se siguieran sintiendo parte del equipo y pudieran
estar preparados para una eventual sustitución del cancerbero titular
por motivos mayores. Pero Unai Emery, técnico del Valencia, ha dado un
paso más. Pese a haber contado en Liga con Guaita como titular, en la
Liga de Campeones (la competición más importante en el panorama
internacional) alineó de inicio a Diego Alves… para unos días más
tarde, volver a contar con Guaita ante el Sporting en Liga.
La
justificación de Emery se basa en el buen trabajo y rendimiento de
ambos, que le permite otorgarle la confianza a los dos para jugar
cualquier partido. De esta manera, dándole un partido de Liga de
Campeones a Alves le demuestra que cuenta con él incluso para los
partidos más importantes. Es decir, la rotación supondría un mensaje de
confianza. Pero a su vez, también puede suponer un mensaje de
inestabilidad. La portería es una posición muy específica que suele
implicar un liderazgo y una confianza única, a sabiendas de que un
simple fallo puede costar un partido entero. El hecho de alternar a los
dos porteros puede provocar que uno de los dos considere que al mínimo
error tendrá muchas dificultades para volver a jugar, lo cual no ayuda
en la toma de decisiones ni en la acumulación de confianza.
En
un principio parece que a Emery le ha salido bien la jugada, puesto que
tanto Alves como Guaita rayaron a un nivel exquisito y mantuvieron sus
porterías a cero ante el Genk y el Sporting respectivamente, con
algunas intervenciones de mérito. Pero, ¿mantendrá Emery su apuesta por
Alves en Liga de Campeones ante el Chelsea, un rival de gran entidad,
en la próxima jornada?
Mucho le costó a Guaita alcanzar la titularidad en el Valencia CF
para perderla a las primeras de cambio. Durante las últimas dos semanas
se había hablado sobre la buena forma de Diego Alves, el guardameta
brasileño que el club valencianista fichó para competirle el puesto al
de Torrent. Se dice que en los entrenamientos el carioca lo está
bordando, y en un reciente triangular ante el Málaga y el Villarreal en
Murcia, en favor de las víctimas del terremoto de Lorca, su actuación
fue fundamental para la victoria de los de Emery. Además, Guaita, en el
primer partido de liga ante el Racing se mostró dubitativo y encajó
tres goles. El sábado ante el Atlético de Madrid volvía la competición
y Guaita debía despejar esas dudas, y vaya si lo hizo. Después
de una cesión al Recreativo de Huelva y de comenzar una campaña como
tercer portero, el cancerbero de la cantera de Mestalla tuvo que
esperar a una doble lesión de César y Moyá para tener esa oportunidad
tan deseada por los porteros. Y la ganó con intervenciones
espectaculares en algunos de los estadios más importantes del mundo
como el Santiago Bernabéu u Old Trafford. Y pese a que César volvió a
ser titular cuando se recuperó, Guaita tuvo la suficiente constancia
para recuperar ese lugar en la alineación que ya se había ganado. Antes
de su irrupción, el Valencia ya había decidido fichar a un nuevo
portero, Diego Alves. El brasileño, al que ya había tenido bajo su
disciplina Unai Emery en el Almería, ya llevaba una buena trayectoria
en primera división con el conjunto rojiblanco, en la que destacaba
sobre todo un gran acierto en los penaltis parados y la
espectacularidad de sus reflejos. Se vislumbraba así una gran duda:
¿quién sería el titular? ¿Guaita o Alves? ¿La continuidad de la
revelación de la temporada pasada o la nueva apuesta de la secretaría
técnica che?
En las dos primeras jornadas de liga, Emery ha
decidido ser continuista, y darle el protagonismo a Guaita. Pero tras
la primera jornada y los tres goles del Racing, las dudas estaban ahí.
Guaita las borró de un plumazo con dos intervenciones de gran nivel que
fueron claves para amarrar los tres puntos. En la primera parte Tiago
asistió por encima de la defensa al más puro estilo Laudrup a Adrián,
el joven delantero enganchó una volea muy cercana a la portería que
parecía que acabaría en gol, pero Guaita achicó el espacio, intuyó que
el golpeo iría a su derecha y sacó una mano excelente que evitó el
tanto. Habría sido el 0-1 que dejaría las cosas muy difíciles a los
suyos. Ya en la segunda parte, en el arrebato final de los rojiblancos
por sacar un empate de Mestalla, un balón largo le llegaba a Arda Turan
por el costado izquierdo de la portería valencianista, Guaita dio un
paso a la derecha a la espera de un pase de la muerte para Falcao, pero
el turco le sorprendió disparando raso al primer palo. La respuesta
felina en rectificado de Guaita fue soberbia. El gol habría supuesto el
empate a falta de tan sólo siete minutos para el final. Esas
dos magníficas intervenciones de Guaita le valieron no sólo para
reafirmar su titularidad en el Valencia CF, sino también para dar valor
al gol de Soldadoy conseguir una victoria que mantiene a su equipo
como colíder de la liga española.
Alrededor de 35.000 habitantes, tan sólo, tiene Liechtenstein. Y uno
de ellos es Peter Jehle. ¿Qué lo distingue del resto de habitantes de
este pequeño país centroeuropeo? Pues que es el portero de su selección
de fútbol… desde 1998. Lleva ya catorce años defendiendo una de las
porterías más goleadas del panorama europeo internacional y, sin
embargo, ha conseguido rayar a buen nivel, hasta el punto que llegó a
fichar por un equipo de primer nivel portugués, el Boavista, que ahora
paga la condena en categorías inferiores por el proceso Silbato Final
de 2008 por la compra de partidos. Además de jugar en el Boavista,
también lo hizo para uno de los grandes de su país vecino, el
Grasshoppers suizo. Jehle es toda una referencia en su
selección. Y, además, una de las claves de sus “éxitos”. Hay que tener
en cuenta que para un país tan pequeño, el simple hecho de puntuar o
incluso no ser goleado ya se puede considerar como un éxito. Es más,
Jehle ya debutó con cierta estrella. Su debut supuso la primera
victoria en partido oficial de la selección liechtenstení. Fue en 1998,
en la fase de clasificación para la Eurocopa de Holanda y Bélgica del
2000, con una victoria ante Azerbaiyán por 2-1.
Pese a los seis
goles encajados ante España el pasado martes, la dinámica de
Liechtenstein en los últimos dos años es loable. Tan sólo ha sido
goleada por la selección española, campeona del mundo, que le endosó
cuatro y seis goles; pero ante la República Checa sólo encajó dos,
Escocia le ganó en el último minuto por 2-1, y a Lituania consiguieron
ganarle 2-0 y empatarle a cero fuera de casa, sin recibir ningún gol en
ninguno de los dos encuentros. De la mano del seleccionador
Hans-Peter Zaugg y la experiencia de Jehle, Liechtenstein ha conseguido
una estabilidad defensiva que le ha permitido reducir en gran medida
las diferencias con sus rivales. Las goleadas de selecciones mediocres, como Macedonia que le ganó 1-11 en 1998, ya son historia. Y
en buena medida se debe al buen hacer de Peter Jehle, tanto por su
habilidad bajo palos, como, sobre todo, en la experiencia ganada para
ordenar a sus defensores.
El éxito en la carrera profesional de un portero muchas veces reside
en haber respondido adecuadamente el día oportuno. Las diferencias
técnicas entre unos guardametas y otros tal vez no sean muy grandes,
pero la capacidad de concentración para salvar el partido el día más
importante la tienen sólo los elegidos. Y eso muy bien lo sabe Víctor
Valdés, el cancerbero del FC Barcelona e internacional de la selección
española, que en una entrevista reciente apuntó que “sin la final de París quizá ahora no sería portero del Barça”. Era el 17 de
mayo de 2006, y el Barcelona, dirigido por Rijkaard, estaba dispuesto a
culminar una temporada extraordinaria en la que ya se había hecho con
el título de Liga. Era el germen del actual Barça de Guardiola. El
rival era un conjunto novel en finales de la Copa de Europa, el Arsenal
inglés, pero que contenía un gran número de estrellas con Henry, Pires
y Ashley Cole a la cabeza, y con un jovencísimo jugador que habían
sacado de la cantera del Barça y que estaba dando mucho que hablar por
sus extraordinarias actuaciones: Cesc Fàbregas. En el conjunto
azulgrana, con Messi en el dique seco y Xavi recién recuperado de una
larga lesión, Ronaldinho, Deco y Eto’o parecían destinados a ser los
protagonistas de la segunda Copa de Europa de la historia de Can Barça.
Pero el destino había preparado que los jugadores decisivos
fueran dos de los más cuestionados durante la temporada por la afición:
Valdés y Belletti. El lateral brasileño será recordado como el autor
del gol que le dio el trofeo a su equipo cuando tan sólo faltaban diez
minutos para el final. Hasta ese momento, había sido Valdés quien
mantuvo con vida a los suyos. Al poco de comenzar, rechazó un mano a
mano con Henry. Y con el 0-1 en contra en el marcador se anticipó de
nuevo al francés en una contra del Arsenal, y salvó de la sentencia a
su equipo en dos disparos de Ljungberg y el propio Henry. A partir de
ahí, los goles de Eto’o y Belletti permitieron levantar la “orejona” a
Carles Puyol. De este modo, el portero nacido en l’Hospitalet
de Llobregat, hasta el momento a la sombra siempre de su homólogo del
máximo rival, Iker Casillas, se ganó el respeto de sus aficionados.
Poco a poco, en los años siguientes, siguió creciendo hasta ser
internacional e imprescindible en los éxitos de su equipo. No es de
extrañar que sean ya muchos los que consideren que está al mismo nivel
que Casillas.